Publicación científica

Autor: Dr. Diego Calp

El análisis de la conducta es una disciplina científica dedicada al estudio del comportamiento de los organismos y de las relaciones que este mantiene con el ambiente. Desde sus orígenes, ha buscado identificar principios que permitan describir, explicar y predecir la conducta, así como desarrollar tecnologías capaces de modificarla en ámbitos muy diversos.

Sin embargo, además de preguntarnos qué descubre una ciencia, también podemos preguntarnos qué supuestos filosóficos existen detrás de su manera de estudiar la realidad. Toda disciplina científica parte, de manera explícita o implícita, de ciertas ideas acerca de qué existe, qué puede conocerse y qué características debe tener una explicación científica.

El artículo “El análisis de la conducta a la luz del materialismo sistémico como filosofía científicamente informada” aborda esta cuestión comparando algunos de los principales supuestos del análisis de la conducta, especialmente a partir de la obra de B. F. Skinner, con el materialismo sistémico desarrollado por el filósofo argentino Mario Bunge.

El materialismo sistémico propone comprender la realidad como formada por entidades materiales que cambian, interactúan entre sí y forman parte de sistemas. También sostiene que existen diferentes niveles de organización de la realidad —como el físico, biológico, psicológico y social— y defiende una concepción realista de la ciencia: el mundo existe independientemente de quien lo estudia y puede ser conocido, aunque sea de manera aproximada, mediante la investigación científica.

A primera vista, relacionar esta filosofía con el análisis de la conducta podría parecer extraño. Bunge fue crítico del conductismo y consideró que algunas de sus versiones tenían limitaciones importantes. No obstante, cuando se comparan de manera más detallada ambas propuestas aparecen numerosos puntos de encuentro.

Uno de ellos es el rechazo del dualismo, es decir, de la idea de que las personas están formadas por un cuerpo material y una mente inmaterial independiente que dirige su comportamiento. El análisis de la conducta estudia la conducta como un fenómeno perteneciente al mundo natural y tampoco necesita recurrir a entidades inmateriales para explicarla. Esto no significa negar fenómenos como los pensamientos o las emociones: desde el conductismo radical pueden ser considerados eventos conductuales privados, cuyo acceso está principalmente limitado a la persona que los experimenta.

También existe una coincidencia en la importancia otorgada a las relaciones entre los diferentes componentes de un fenómeno. Desde el análisis de la conducta, el comportamiento no puede comprenderse de manera aislada del organismo que se comporta ni del ambiente con el que interactúa. En este sentido, la conducta puede entenderse como un fenómeno que surge precisamente de esa interacción.

Otro punto de contacto aparece en la idea de cambio. Para el materialismo sistémico, la realidad no es estática, sino dinámica. Algo semejante ocurre con la conducta: nuestros comportamientos cambian continuamente a medida que cambia el ambiente y como resultado de nuestra historia de interacción con él. El aprendizaje constituye uno de los ejemplos más claros de este proceso.

El artículo también analiza la relación entre el análisis de la conducta y la evolución. Skinner distinguió entre las características seleccionadas a lo largo de la historia de una especie y aquellas conductas que se desarrollan durante la historia particular de aprendizaje de cada individuo. Esto permite integrar el comportamiento dentro de una concepción más amplia de los organismos como productos de procesos biológicos y ambientales.

Además, se sostiene que el análisis de la conducta puede ubicarse dentro de una concepción realista de la ciencia. Que un fenómeno no pueda observarse directamente no significa necesariamente que no exista. Pensamientos, emociones y otras conductas privadas pueden formar parte de la realidad aunque otras personas solo puedan conocerlas indirectamente.

La comparación también permite revisar algunas de las críticas que Bunge dirigió históricamente al conductismo. Por ejemplo, suponer que este ignora por completo los fenómenos privados o que solamente pretende describir y predecir la conducta resulta difícil de sostener cuando se consideran con mayor detalle los planteamientos de Skinner y el desarrollo posterior de la disciplina.

Esto no significa que las posiciones de Bunge y Skinner sean idénticas. Existen desacuerdos importantes, especialmente acerca de cómo entender los fenómenos tradicionalmente denominados “mentales” y sobre el papel de los procesos neuronales en la explicación psicológica.

La conclusión principal del trabajo es, por lo tanto, más moderada: a pesar de estas diferencias históricas, existen suficientes puntos de encuentro para considerar que el análisis de la conducta puede ser compatible, en numerosos aspectos, con una filosofía materialista, sistémica, evolucionista y científicamente realista como la propuesta por Mario Bunge.

Este análisis pretende contribuir al diálogo entre filosofía de la ciencia y psicología, mostrando que la discusión acerca de los fundamentos del análisis de la conducta continúa abierta y que algunas oposiciones históricas pueden revisarse a la luz del desarrollo contemporáneo de ambas disciplinas.

Link de la publicación: https://www.researchgate.net/publication/398921454_

El_analisis_de_la_conducta_a_la_luz_del_materialismo_sistemico_como_filosofia_

cientificamente_informada