
Autor: Lic. Pedro María Iturralde
El modo en que madres y padres se relacionan con sus hijos adolescentes tiene efectos conocidos sobre muchos aspectos de su desarrollo: la autoestima, la regulación emocional, el rendimiento académico o la conducta social, entre otros. Pero hay un área mucho menos explorada que también parece verse profundamente influida por la crianza: el desarrollo de las llamadas virtudes intelectuales.
Nuestro estudio buscó justamente profundizar en este tema. Más específicamente, analizó cómo ciertos estilos parentales y determinadas formas de acompañamiento de los padres pueden favorecer —o dificultar— el desarrollo de un “carácter intelectual virtuoso”. Este concepto refiere a aquellas cualidades que hacen que una persona se involucre en el aprendizaje de una manera más profunda, buscando comprender, reflexionar y aprender más allá de lo superficial. Incluye rasgos como la curiosidad, la apertura mental, el pensamiento autónomo, la atención y la rigurosidad intelectual.
Nuestra investigación longitudinal trabajó con 383 adolescentes argentinos, evaluados en dos momentos separados por un año. A partir de análisis cross-lagged, analizamos distintos estilos de crianza y sus efectos recíprocos con el desarrollo del carácter intelectual virtuoso. Entre ellos, un estilo “aceptante”, caracterizado por la cercanía, el apoyo y la disponibilidad emocional; y otros estilos más disfuncionales, como el control patológico (exceso de manipulación o control psicológico) y la autonomía extrema, donde los padres dejan demasiado librado al adolescente sin suficiente acompañamiento. Además, el estudio incorporó un aspecto especialmente interesante: el desafío parental. Este concepto no se refiere a exigencia autoritaria ni presión excesiva, sino a la capacidad de los padres para estimular a sus hijos a pensar, reflexionar, hacerse preguntas, esforzarse y afrontar desafíos cognitivos y personales.
Los resultados mostraron algo importante: existe una relación bidireccional entre un estilo parental aceptante y el desarrollo del carácter intelectual virtuoso. Es decir, no solo los padres influyen en sus hijos, sino que adolescentes con mayores virtudes intelectuales también parecen favorecer interacciones familiares más positivas. En otras palabras, se genera una especie de círculo virtuoso.
A su vez, el desafío parental apareció como un predictor particularmente fuerte del desarrollo intelectual de los adolescentes. Los jóvenes cuyos padres los estimulan a pensar, cuestionar, profundizar y enfrentar desafíos muestran mayores niveles de curiosidad, autonomía intelectual y apertura mental.
Por el contrario, los estilos de crianza disfuncionales se asociaron con disminuciones en la apertura mental. Tanto el control psicológico excesivo como la falta extrema de acompañamiento parecieron dificultar la disposición de los adolescentes a considerar perspectivas distintas, escuchar otras ideas o revisar sus propias creencias.
Estos hallazgos permiten pensar la crianza desde una perspectiva más amplia que la tradicional preocupación por “portarse bien” o “tener buen rendimiento”. El estudio sugiere que el clima familiar también puede contribuir al desarrollo de personas intelectualmente más virtuosas: jóvenes capaces de pensar por sí mismos, sostener la atención, aprender con profundidad, dialogar con ideas diferentes y mantener una actitud curiosa frente al mundo. En tiempos donde la sobreinformación, la polarización y las respuestas rápidas ocupan un lugar central en la vida cotidiana, promover virtudes intelectuales aparece como un desafío educativo y familiar especialmente relevante. Y este trabajo aporta evidencia de que madres y padres tienen un papel mucho más importante de lo que solemos pensar en ese proceso.
Link de la publicación: https://doi.org/10.1111/jora.70066
