
Autores: Luz Acera Martini y Esteban Freidin
La pregunta sobre por qué algunas personas creen en Dios mientras que otras no ha sido un tema central en la psicología y las ciencias cognitivas durante años. Algunos investigadores han propuesto que esta diferencia surge, en parte, de la tendencia de cada individuo a utilizar un pensamiento más reflexivo o analítico en su vida diaria. Según esta perspectiva, el pensamiento reflexivo tiene la capacidad de inhibir ciertas intuiciones naturales del ser humano, como la tendencia a ver propósitos en la naturaleza o a separar la mente del cuerpo, que son las que harían que las creencias religiosas resulten atractivas para nuestra mente. Esta idea también se apoya en las teorías de procesamiento dual, que plantean que el pensamiento analítico puede corregir nuestras intuiciones iniciales a través de un esfuerzo mental mayor.
En el año 2012, un estudio muy famoso sugirió que era posible reducir momentáneamente las creencias religiosas mediante tareas experimentales muy simples que activaran este pensamiento analítico. Estos autores utilizaron métodos como mostrar imágenes de El Pensador que invitan a pensar, resolver juegos de palabras relacionados con el razonamiento o incluso usar letras con fuentes difíciles de leer para forzar al cerebro a esforzarse más. Aquel trabajo tuvo un gran impacto porque parecía demostrar que algo tan personal como la creencia religiosa podía ser influenciado por manipulaciones muy breves en un laboratorio. Sin embargo, en los años siguientes, muchos otros científicos intentaron repetir esos mismos experimentos sin éxito, obteniendo resultados muy contradictorios. Mientras que un trabajo logró encontrar el efecto original, otros simplemente no encontraban ningún efecto sobre la creencia e incluso algunos encontraron el efecto opuesto: la creencia aumentaba luego de la tarea de activación reflexiva.
Ante esta situación de incertidumbre, este nuevo trabajo de investigación se propuso aclarar el panorama mediante dos estudios realizados con estudiantes universitarios en Argentina. El objetivo principal era entender si las técnicas usadas para «activar» el pensamiento no eran lo suficientemente potentes para activar la reflexión o si en realidad el efecto simplemente no existe. Para ello, los investigadores se aseguraron de tener una muestra de personas grande y de utilizar métodos estadísticos precisos para confirmar si los resultados eran realmente sólidos.
En el primer estudio, se compararon dos técnicas diferentes para ver cuál de ellas lograba realmente que las personas pensaran de una forma más analítica. Se probó una clásica tarea de ordenar palabras relacionadas con el razonamiento y una nueva técnica llamada entrenamiento en sesgos. Esta última tarea consiste en presentar preguntas diseñadas para engañar a la intuición, como, por ejemplo: «¿Cuántos animales de cada especie llevó Moisés en el Arca?». La mayoría de las personas responde automáticamente «dos», pero al reflexionar se dan cuenta de que la respuesta correcta es «cero», porque quien construyó el arca fue Noé y no Moisés. Tras responder a estos acertijos, los participantes reciben una explicación detallada sobre el error lógico cometido, lo que ayuda a «despertar» el pensamiento reflexivo.
Los resultados del primer estudio mostraron que la tarea de ordenar palabras no tuvo ningún impacto real en la capacidad analítica de los participantes. En cambio, el entrenamiento en sesgos sí logró mejorar significativamente el rendimiento de las personas en pruebas de reflexión. Este hallazgo es fundamental porque permitió seleccionar una herramienta que realmente funciona para intentar influir en las creencias religiosas en el siguiente paso de la investigación.
El segundo estudio fue el experimento principal y contó con la participación de 938 estudiantes. Aquí se utilizó la técnica de entrenamiento en sesgos que había resultado eficaz anteriormente para ver si, al activarse el pensamiento analítico, las personas reportaban menos creencia religiosa. Para medir las creencias, no se usó una sola pregunta, sino dos escalas distintas. Una medía la religiosidad intuitiva y personal de cada uno, y la otra evaluaba cómo las personas interpretaban situaciones desconocidas de la vida cotidiana que le ocurrían a otras personas, viendo si las atribuían a causas naturales o a intervenciones divinas o sobrenaturales. A pesar de que los participantes estaban pensando de forma más analítica gracias al entrenamiento previo, el estudio no encontró ninguna diferencia en sus niveles de creencia en comparación con un grupo de control que no hizo ninguna tarea.
Para estar completamente seguros de estos resultados, los investigadores realizaron pruebas de equivalencia estadística. Estas pruebas sirven para confirmar si un efecto es tan pequeño que, a efectos prácticos, puede considerarse inexistente. Los análisis confirmaron que cualquier impacto de la reflexión sobre la creencia es despreciable en esta población. Además, el estudio exploró si quizás el efecto era diferente en distintos subgrupos. Se analizó si influía el hecho de que a una persona le guste mucho pensar, si considera que la ciencia y la religión son compatibles, o si tiene dudas sobre su propia creencia. Los datos mostraron que ninguno de estos factores cambió el resultado final: el pensamiento analítico no redujo la religiosidad en ningún caso.
La conclusión general de este trabajo es que activar el pensamiento reflexivo mediante tareas breves no tiene el poder de cambiar el reporte de las creencias religiosas de los adultos. Esto plantea una pregunta interesante, ya que otros estudios sí han encontrado de forma consistente que las personas que son naturalmente más analíticas suelen ser menos religiosas. Los autores sugieren que esta contradicción puede explicarse por el momento de la vida en que se desarrolla la creencia. Es posible que el estilo de pensamiento analítico influya en las creencias durante la infancia o la adolescencia, cuando la visión del mundo todavía se está formando y es más flexible. Sin embargo, una vez que las personas llegan a la edad adulta, sus creencias suelen estar mucho más arraigadas y consolidadas, por lo que un simple ejercicio mental de pocos minutos no es suficiente para modificarlas de manera detectable.
Link de la publicación: https://doi.org/10.1037/rel0000617
