
Autores/as: Ailín Paula Franco Accinelli; Alejandra Stein; Celia Renata Rosemberg; David Poveda Bicknell
La narrativa constituye una forma discursiva fundamental en nuestra vida diaria, que emerge tempranamente en la infancia, y mediante la cual le damos sentido a las experiencias vividas, a la vez que compartimos con otros miembros de la comunidad.
Cuando un niño/a cuenta que se cayó, se lastimó, fue a un cumpleaños, u otro evento que considera importante, no solo está relatando un hecho: está construyendo sentido sobre su experiencia. Pero, ¿qué pasa si no lo hace como esperamos los adultos/as, siguiendo un orden claro de inicio, desarrollo y final?
En este reciente estudio analizamos cómo narran sus experiencias personales niños/as argentinos hispanohablantes de entre 3 y 5 años, atendiendo a las características particulares que adoptan esos relatos.
Spoiler alert: sus relatos son mucho más diversos y complejos de lo que suele suponerse, y no necesariamente responden a una lógica canónica y/o tradicional.
- Más allá de la “canonicidad”
Gran parte de las investigaciones que estudiaron la producción narrativa infantil de experiencia personal se realizaron en otras poblaciones lingüísticas y/o culturales, adoptando enfoques que conciben la narrativa como un discurso organizado secuencialmente en unidades identificables (resumen, orientación, complicación, resolución y coda).
En cambio, desde otras perspectivas, como la etnopoética y el análisis de estrofas, se estudia la narrativa como práctica situada, relacionando la organización narrativa con la especificidad social y cultural. Por ello, en este trabajo nos propusimos contribuir al conocimiento de las narrativas de experiencia personal producidas por niños/as argentinos hispanohablantes de 3 a 5 años desde estas perspectivas. El estudio del desarrollo narrativo en esta población es fundamental tanto para mejorar las oportunidades de aprendizaje de estos niños/as como para prevenir eventuales dificultades posteriores.
Específicamente, nos preguntamos:
- ¿Qué características presentan las narrativas de experiencia personal producidas por los niños/as que conforman la muestra?
- ¿Existen patrones característicos por edad y/o por circunstancias socioeconómicas en la producción narrativa infantil?
- La puesta en escena
Se analizó un corpus de narrativas de experiencia personal producidas por 120 niños/as en Buenos Aires en diversas circunstancias socioeconómicas (CSE), vulnerabilizadas y no-vulnerabilizadas (60 por grupo), con edades de 3, 4 y 5 años (40 por grupo), divididos equitativamente por sexo.
Las narrativas se obtuvieron mediante entrevistas semiestructuradas individuales realizadas en los jardines de infantes.
Se obtuvieron relatos de eventos no gratos, en tanto se ha demostrado que son más comunes y significativos que otro tipo de eventos: son experiencias que casi todos/as han tenido, y que resultan lo suficientemente significativas como para que valga la pena hablar de ellas. Los relatos fueron audiograbados y transcritos para su análisis. Se buscó identificar patrones y lógicas de organización de la información narrativa, considerando la edad y las circunstancias socioeconómicas. - ¿Qué encontramos?
Se identificaron tres formas principales de estructurar las narrativas:
Canónica: sigue mayormente la lógica narrativa clásica o tradicional (p.ej., qué pasó primero, qué ocurrió después y cómo terminó).
Cíclica: gira en torno a un mismo evento que se retoma de manera constante a lo largo de la narración
Asociativa: se coloca el foco en la descripción de diversos eventos vinculados entre sí temáticamente, más que en su secuencialidad.
En líneas generales, la forma más frecuente de narrar fue la cíclica, presente en casi la mitad de los relatos, seguida de la canónica y, por último, la asociativa . Asimismo, los niños/as no suelen priorizar el orden cronológico de los eventos, sino que sus relatos se centran principalmente en dos tipos de información:
Evaluativa: comentarios, emociones, opiniones o valoraciones sobre lo que ocurrió.
Descriptiva: detalles sobre personas, lugares o situaciones. - ¿Qué sucede a distintas edades y en diversos contextos socioeconómicos?
Las narrativas de los más pequeños/as suelen poseer pocos eventos (en general, complicación y resolución), mientras que los más grandes suelen producir relatos más largos que, o bien contienen una mayor cantidad de eventos relacionados temáticamente, o bien incluyen una mayor cantidad de acciones vinculadas con un mismo evento, que se retoma a lo largo del relato.
Se evidencia una predominancia de evaluaciones en todos los grupos de edad, lo cual constituye un indicador de una destreza infantil al narrar: a través de ellas, quien no solo se comunican los hechos, sino también la perspectiva que se adopta ante ellos, sus emociones y valoraciones
-Mientras que quienes crecen en CSE vulnerabilizadas suelen narrar un mismo evento que se retoma durante la narración, con énfasis en la descripción, aquellos en CSE no-vulnerabilizadas parecen producir, más bien, relatos secuenciados cronológicamente y con gran presencia de evaluaciones.
Es muy importante resaltar que en ningún caso estas diferencias deben entenderse como indicadores de déficit o de menor competencia narrativa: destacamos así el valor de la diversidad de las estrategias discursivas puestas en juego al construir los relatos.
Finalmente, la escasa atención al orden cronológico observada en todos los grupos de edad y atendiendo a las CSE aporta evidencia adicional de que, a diferencia de lo hallado en otras poblaciones, el orden secuencial no parece caracterizar la producción narrativa de estos niños/as. - Entonces, ¿qué nos dice todo esto?
Este trabajo aporta evidencia relevante para repensar cómo estudiamos, evaluamos y podemos potenciar las habilidades narrativas en niños/as pequeños hispanohablantes que crecen en diversas CSE en la región. Si solo consideramos como “adecuadas” las narraciones que siguen una estructura lineal y cronológica, corremos el riesgo de invisibilizar otras formas válidas e igualmente complejas de construir relatos. En cambio, una mirada situada -como la que propone este estudio- permite:
. Reconocer la diversidad de formas que pueden adoptar los relatos.
. Evitar interpretaciones deficitarias basadas en modelos tradicionales propuestos en el marco de otras poblaciones.
. Diseñar instrumentos de evaluación más sensibles al contexto cultural.
. Promover prácticas educativas que valoren distintas maneras de narrar.
En síntesis, esta investigación no solo contribuye al estudio del discurso narrativo infantil sino que también aporta al desarrollo y a la consolidación de buenas prácticas en la región que puedan contribuir a repensar y diseñar políticas educativas que amplíen las oportunidades de desarrollo, de educación y vida plena de estas poblaciones.
Link de la publicación: https://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/iice/article/view/16971
