
Autores/as: Julia Hermida, Andrea Goldin, Agustín Perez Santangelo, Sebastián Lipina y Fernando Schapachnick (Delegación Buenos Aires).
Para alcanzar una educación de calidad equitativa, muchos países están incorporando la programación informática en los currículos preescolares. La razón principal de esta decisión educativa radica en que programar nos permite ser usuarios activos de la tecnología, pero además en la idea, aún no completamente explorada, de que aprender a programar podría tener posibles beneficios cognitivos colaterales.
Este estudio piloto analizó si la enseñanza de la programación mejora las funciones ejecutivas —habilidades clave para el siglo XXI—, la atención y la inteligencia no verbal. Además, analizó si esas mejorías variaban según el nivel socioeconómico (NSE).
Para ello, en un jardín de infantes de nivel socioeconómico bajo y uno de nivel medio, las salas de 5 años fueron divididas en salas control e intervención. Las salas de intervención recibieron clases de programación con ScratchJr (el programa más usado mundialmente para enseñar a programar a niños). Las salas control, recibieron la misma cantidad de clases (y de la misma duración) de artes visuales. Ambos grupos utilizaron tablets, y las clases fueron dadas por los docentes regulares del aula.
Antes y después de las clases en las salas control e intervención, los niños fueron evaluados en sus funciones cognitivas. Noventa y cuatro niños completaron 5 pruebas cognitivas computarizadas dando un total de 21.801 ensayos para el análisis. Usando un Modelo Lineal Generalizado Mixto con distribución Bernoulli, que estimamos con métodos bayesianos, calculamos la probabilidad de tener un ensayo correcto para los niños de los grupos de intervención y control.
Nuestros resultados sugieren que el grupo de programación mostró una mejora mayor que el grupo de control en la mayoría de las tareas cognitivas, pero los beneficios fueron consistentemente mayores para los niños de la escuela de NSE bajo (entre un 65 % y un 92 % superiores a los del grupo de control), mientras que los niños de NSE medio mostraron solo mejoras modestas (entre un 13 % y un 36 %) con evidencia más débil. Estos hallazgos sugieren, de manera tentativa, que la enseñanza de la programación, además de su valor educativo intrínseco, también podría contribuir potencialmente al desarrollo de procesos cognitivos críticos, particularmente entre los niños más vulnerables.
Link del artículo científico: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/desc.70161
